Las pantallas convierten en zombis a la humanidad: la sobrecarga de información

Las pantallas nos han derrotado, decía el escritor Philip Roth. Nos han robado nuestra humanidad. Los estudios dicen que la sobrecarga de información bloquea las capacidades intelectuales de análisis y procesamiento. Los mensajes que llegan a nuestro teléfono o pc son tantos y tan variados que nos impiden sentir empatia por el otro o tener algún grado de discernimiento moral. Nuestro cerebro no sabe como responder ante la sobrecarga de información, desconecta los centros emocionales y nos adormecimos, nos volvemos zombis. Es el amanecer de los muertos vivientes.

Vivimos permanentemente conectados, inmersos en un mar de datos y con poco tiempo para procesarlos. Los especialistas ya hacen su diagnóstico: intoxicación de información, el gran síntoma de estos tiempos.  La explosión de las redes sociales, la fotografía y el video digital, el auge de la telefonía móvil, el e-mail y la navegación web han expandido la información digital hasta límites insospechados.

Sin embargo, más información sólo provoca mayor confusión, puesto que bloquea la capacidad de análisis y procesamiento. Y la intoxicación informativa está ligada a otra patología asociada: la ansiedad por informarse, o infomanía, que se caracteriza por la búsqueda constante de estímulos informativos, y una agobiante sensación de angustia y vacío que es necesario llenar con… más información.

El exceso de estímulos informativos genera estrés y aturdimiento. Sobre todo aquellos más veloces, como los flashes informativos televisivos, las alertas de noticias que se reciben en la computadora o en el móvil, y los mensajes de la red social Twitter -utilizada por más de 80 millones de usuarios para contar en 140 caracteres lo que están haciendo-. Según un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, el bombardeo de mensajes que hoy se multiplica a través de las redes sociales anula la capacidad de empatía y de discernimiento moral que requieren las decisiones humanas. Aquella información instantánea y carente de contexto, que busca llamar la atención y conmover al receptor, termina logrando lo contrario: la disfunción narcotizante de la que hablaba Paul Lazarsfeld, uno de los teóricos pioneros de las ciencias de la comunicación.

La pulsión por estar todo el tiempo conectado a una pantalla (sea televisor, computadora o teléfono móvil) encierra el peligro de desconectarse y perder la noción de la realidad, advierten los psicólogos. “El brillo de la pantalla tiene un efecto hipnótico”, dice José Sahovaler, médico psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, y advierte sobre el aumento de las ciberadicciones, sobre todo en los adolescentes.

La era de las interrupciones

Las TIC (tecnologías de la información y comunicaciones) invadieron el ámbito laboral, de estudio y también la vida familiar y privada de las personas. Gracias a una enorme batería de recursos online, tenemos una sensación de omnipresencia divina que nos permite estar “todo el tiempo en todos lados”. Pero la realidad es que nunca estamos completamente en ninguno.

De acuerdo con un informe de IORG (Information Overload Research Group), una organización creada por compañías tecnológicas, como Intel, IBM, Microsoft y Xerox, entre otras, “luego de cada interrupción puede tomar hasta 25 minutos retomar el hilo de lo que se estaba haciendo”. El principal peligro de las interrupciones es el deterioro que provocan en la memoria de corto plazo, ya que se comprobó que el 40% de las veces la tarea inicial queda olvidada por el trabajador, que es arrastrado por una oleada de nuevas tareas.

La sombra del pasado digital

Hoy, la descomunal expansión del universo de bits y bytes no tiene tanto que ver con los textos, sino con las imágenes: fotos y videos que cada usuario sube a internet, y las que toman las cámaras de seguridad y dispositivos de vigilancia públicos y privados. Menos de la mitad de la información digital acerca de una persona (la “huella digital”) es creada en forma activa por cada individuo. El resto corresponde a información en registros financieros, listas de mailings, búsquedas en la web e imágenes obtenidas por dispositivos de seguridad. Esta parte de la información personal en el ciberespacio, denominada “sombra digital”, es la que más rápidamente crece y menos control tiene por parte de los individuos.

Cada vez que subimos un video o una foto, escribimos un comentario en una red social o alguien lo hace por nosotros, el dato queda registrado en forma indeleble. Muchos usuarios, sobre todo los más jóvenes, no son conscientes de esto. Pero cada vez más empleadores buscan postulantes a un trabajo por medio de Google y los sitios de redes sociales. Aquello que ahora nos resulta gracioso, en el futuro podría volvérsenos en contra. Por culpa de internet, el pasado que nos condena está siempre a un par de clics.

Poca atención

La superabundancia de la información ha convertido lo que era un recurso escaso en un commodity, cuando no directamente en basura. Hoy lo que realmente escasea es la atención.

A medida que se multiplican los contenidos en internet, la capacidad de leerlos decae. “El promedio de lectura de un texto en la web no sobrepasa las 200 palabras”, destaca un informe de la consultora Jacob Nielsen. La paradoja es que cuanto más hay para leer, menos se lee.

Para algunos especialistas, como Manuel Castells, de la Universidad de California del Sur, los jóvenes de hoy (nativos digitales) tienen una estructura de pensamiento fragmentada, menos profunda pero más creativa, ya que están acostumbrados a saltar de un tema a otro, como al navegar por internet a través de hiperlinks o hacer zapping. Ante la multiplicidad de estímulos, captar el interés de usuarios y consumidores es un tremendo desafío. Para tomar cualquier decisión, la información disponible satura e inmoviliza. No hay tiempo para analizarla, cotejarla, digerirla. Todo parece igualmente importante y urgente, y muchas personas, para combatir la parálisis que esto les genera, optan por ocuparse de todo al mismo tiempo. Practican el multitasking: la capacidad de hacer varias cosas a la vez.

Según IORG, “cada empleado suele trabajar con ocho ventanas de su navegador abiertas y no se detiene más de 20 segundos en cada una de ellas”. Al mismo tiempo, atienden llamadas en el teléfono fijo y envían mensajes a través del celular. Cuando van a las reuniones, aprovechan para navegar en la web y contestar mensajes desde sus dispositivos portátiles. Lo más probable es que, al terminar el encuentro, nadie sepa a ciencia cierta de qué se habló. La paradoja de la sociedad de la información es que, de tan abundante, terminamos desinformados.

Cinco razones para intoxicarse con datos

1. Acopiamos más información de la necesaria porque creemos que así tomaremos mejores decisiones.

2. Recibimos a diario gran cantidad de datos que no hemos pedido ni nos resulta útil.

3. Buscamos información de sobra para justificar nuestras acciones.

4. Guardamos textos, fotos, archivos en general, por si nos resultan útiles en el futuro.

5. Nos gusta utilizar la información para enrostrársela a nuestros colegas.

Por María Gabriela Ensinck

Fuente: El Mercurio

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One Response to Las pantallas convierten en zombis a la humanidad: la sobrecarga de información

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