WhatsApp: el caramelo envenenado que controla tu vida

por Josep Berruezo

Desde el triunfo del imperio de las redes sociales y la consolidación de la tecnología 3G en la telefonía móvil, en la caverna de Platón ya no se cabe. Tan apretado se está, que esta mañana subiendo al tren le he dado un codazo sin querer a la chica de detrás, en la cara, mientras ella enfilaba el escalón absorta en su iPhone.
– ¡Aaauu! – grita ella con una entonación pueril.
– Lo siento mucho, no te he visto, ya sabes – le respondo.
– Oye, ¿estás bien? – insisto en ver que no me dice nada.


Pero no hay respuesta. Vuelve a estar pegada al móvil, tecleando a toda velocidad. Enlatados como sardinas, la tengo pegada a mí y no puedo evitar echar una ojeada a lo que sea que escriba en el celular que requiere tal concentración. Habla por WhatsApp: “Me acaban de dar un codazo en toda la cara”. Copia el texto, abre otra conversación, lo pega: “Me acaban de dar un codazo en toda la cara”.
Hace poco más de un año un hombre importante de Silicon Valley, Jan Koum, ex director de operaciones de Yahoo, se convirtió en el héroe de la caverna al crear esta aplicación. WhatsApp traspasó la última frontera: mensajes gratis, sin límite alguno, a cualquier hora del día y con la posibilidad de adjuntar imágenes o vídeos, con todos los contactos de tu agenda que también se hayan descargado la App. Enviar SMSs es, desde entonces, como comprarse CDs y escucharlos en el Discman. Ya en 2010, los ingresos de las operadoras por SMS descendieron un 4% respecto al año anterior y se rumorea que a finales de este año las pérdidas pueden cuadriplicarse. Y es que, ¿quién no se decanta por un Smartphone al cambiar su viejo móvil? Y ¿quién tiene Smartphone sin WhatsApp?

Yo, por ejemplo. Y entiendo de que por el hecho de renunciar a este caramelo en los tiempos que corren, donde si no te comunicas constantemente no eres nadie (en la caverna, al menos) y donde el dinero no abunda, penséis que soy un poco ‘rarito’. Aguanto cada día varias peticiones para que me lo instale…
-¡Si no te pones WhatsApp ya, paso de contestarte los mensajes, egoísta de m*****!- me decía el otro día uno de mis mejores amigos.
-Por favor, cariño, mándame SMSs si quieres, pero deja que te conteste por WhatsApp, que me sale gratis… – insistía mi ex-novia antes de ver claro que esta situación nunca se iba a producir.

Y es precisamente porque se trata de una cuestión de coherencia, que lo tengo muy claro: No pienso aceptar un caramelo envenenado.

La pregunta debería ser:

¿De verdad es gratuita esta aplicación?

La respuesta es NO. De hecho, es carísima. El precio que pagas (aparte de la tarifa de Internet que hayas contratado) es tu intimidad. Automáticamente después de instalarte WhatsApp, dejas de ser el propietario de la fracción de tu vida que allí compartas. Todas las conversaciones y archivos intercambiados pasan a ser propiedad de WhatsApp Inc. Además la aplicación realiza una radiografía de tu terminal, identifica los contactos que tienen el programa y los copia, trazando un mapa de conexiones, una red social de hecho, solo visible por la empresa. Por si fuera poco, aceptando las condiciones de uso consistes expresamente que tus datos personales sean transferidos a EE.UU. y se les aplique la legislación de aquel país, mucho menos protectora con la intimidad de las personas que las políticas de privacidad europeas.

Pero lo más terrorífico del tema lo descubro hablando con un amigo informático, experto en aplicaciones. Es la forma en que WhatsApp almacena y gestiona tus datos. Si observamos desde dentro la estructura de ficheros de la aplicación llegamos a dos ficheros llamados ‘msgstore.db’ y ‘wa.db’. Estos ficheros están en un formato llamado SQLite. Si los importamos con alguna herramienta que permita ojear su interior (me recomienda SQLite Manager), nos encontramos la primera sorpresa: ninguno de los datos ahí contenidos está cifrado. En ‘wa.db’ se almacenan los contactos y en ‘msgstore.db’ todos los mensajes. WhatsApp te da la oportunidad de eliminar conversaciones, pero la realidad es que estos archivos se copian en su base de datos y permanecen allí ad infinitum. La segunda sorpresa ya es la ‘bomba’: Si el envío o recepción de mensajes se produce con el GPS de tu Smartphone activado, la aplicación almacena también en el fichero ‘msgstore.db’ las coordenadas del lugar desde donde has mantenido la conversación. Además de la fecha y la hora, por supuesto.

El negocio está claro. Jan Koum (el héroe) y el resto de socios de WhatsApp Inc. pueden hacer lo que más les apetezca con toda esta información, venderla al mejor postor, un poco como Facebook. La fórmula es sencilla: a más información, más posibilidades de negocio. En esta línea, por encima de la letra pequeña está la filosofía de la empresa. Para generar millones de conversaciones diarias no basta con la gratuidad del producto, hay que lograr generar y aumentar la necesidad de comunicarse de los usuarios cada día. Esta necesidad se logra a partir del exhibicionismo colectivo cavernícola típico del siglo XXI (cuanta más gente te vea más ‘guai’ eres, p.ej: “Me acaban de dar un codazo en toda la cara”) y a través de la intrusión de tu espacio. Y es que, a diferencia de otras plataformas como Facebook, donde el usuario escoge cuando se conecta y la interacción se produce en aquel momento, la comunicación por WhatsApp directamente te persigue. Una campanilla, literalmente, llama a tu puerta, o a tu móvil en este caso, para anunciarte que alguno de tus (seguro) muchos contactos de la caverna te está contando (muy probablemente) cualquier tontería, porque es ‘gratis’ y porque te demuestra que piensa en ti, que sois ‘amigos’, por si en algún momento lo dudabas. Consecuentemente, por los mismos motivos, siempre contestas. Y Koum y sus ‘superhéores adjuntos’ van recopilando información. SU información, tal y como has consentido. Su plan culmina con la adicción del usuario a esta nueva manera de conversar.

Adiós, mundo real.

En el fondo, ¿qué más da pagar este precio si nos sentimos amados y no nos rascamos el bolsillo? Todo va bien en la caverna.

Fuente: B Life

16 respuestas a WhatsApp: el caramelo envenenado que controla tu vida

  1. Soledad dice:

    Como hago para renunciar al servicio watsapp ?no me interesa

    • alasdeoso dice:

      yo no tengo un smartphone, pero como cualquier aplicación supongo que es ir al panel de control, en programas, desintalar programas, ese es, más o menos, el protocolo estandar. saludos

  2. No sabia esto acerca de WhatsApp, miles de personas lo utilizan sin saber,

  3. Andre dice:

    fatalismos absurdos, en todo caso, apaga la pc, escapa a una montaña… ya con el hecho de conectarte por internet, es evidencia de toda intimidad, whatsapp es una de tantas.. no tiene sentido tanta alarma.

    • Tienes razón, No existe salida, Pero al decir que es pura “Alarma” ya estas en el SISTEMA, Dirás que no,
      PERO ESE ES EL PLAN!
      No harás caso, Ya se!, No Importa, Es tu cosa si quieres Salir o No
      Hahahahahahahhahahahahahhha
      ” Suerte “

  4. FREE dice:

    En esto no hay salida.
    Aunque no tengas esa aplicación, con el solo hecho de mandar sms de manera tradicional, ya te están espiando y guardando para siempre tu privacidad.

    con las llamadas es lo mismo, incluso de telefono de casa.

    O crees que las grandes empresas telefonicas no pertenecen a lña misma elite?

    • Sí pero nos cuestan dinero, por lo tanto no estamos TODO EL DIA zombificados. Yo simplemente tuve el whatsapp y lo quité porque estaba harto de que me molestasen por tonterias cada 5 minutos a cualquier hora.

  5. […] leer el articulo acerca de esa incognita llamada “Whatsapp” en el blog “Un mundo nuevo” y ver el marronazo acerca de el poder del siglo XXI (al menos de momento) del control de la […]

  6. A mi, sinceramente, me da igual que Whatsapp sepa lo que digo, quienes son mis amigos, o donde estoy al postear. VISA sabe y vende todo lo que compro, donde lo compro y como lo pago. Telefonica para que hablar. Mis emails… van por… ¿donde?

    Sinceramente, me da igual. Otra cosa es que me intenten chantajear con algo de lo que allí lean o vean, o que den esos datos a terceros y suponga un riesgo para mi… eso de momento en España es delito, y simplemente lo denunciaría.

    Tengo una vida muy aburrida… quizás esa es la clave de que me de igual.

    • Tus emails van (o deberían ir) por medios seguros y cifrados, y usan protocolos abiertos y estándares no propietarios. La posibilidad, al menos, de estar controlados por “la comunidad” o las entidades reguladores es factible. En Whatsapp… ¿quién lo controla?

      Que la privacidad en internet es prácticamente una utopía es verdad; pero que hay alternativas a Whatsapp, que al fin y al cabo cumplen con el mismo objetivo, y que son mucho más respetuosas con la seguridad y privacidad del usuario, también lo es.

      Whatsapp se aprovecha simplemente de la desinformación, o mejor dicho de la ignorancia.
      Que uno se lo permite, no le importa, etc, pues perfecto, lo hacemos como bien dices en otras ocasiones y empresas. Pero eso no elude lo que es Whatsapp y cómo funciona.

  7. mabel dice:

    qiero saber si una persona puede sacar un historial de lo q hablo con otra por medio d movil podra rastrear mis datos privados asi haya borrado mensajes y videos

  8. Josep Berruezo dice:

    Buenas, soy Josep Berruezo, el autor del artículo. Ya que la versión online de Magazine Blife ya no se encuentra disponible, tienes mi permiso para acreditarlo con mi firma. Gracias.

  9. Uno que tiene whastap dice:

    Que gran razon tienes amigo, a mi me da miedo whatsap en lo que esta haciendo y en todo lo que puede llegar a hacer, terrorifico.

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